viernes, 30 de abril de 2010

respuesta de PÁVEL a JAMES (1a. parte)

Mi respuesta a James

James al parecer ha decidido tomar parte en este diálogo sobre la naturaleza de la ciencia y lo científico. Que así haya sido no puede menos que alegrarme por una doble razón: por un lado, tres puntos de vista son sin duda mucho más enriquecedores que uno o dos, cuando de lo que se trata es precisamente “de andar juntos el camino del error”, como en alguna ocasión dije. Por el otro, eso demuestra que estamos lejos de asumir este diálogo como una actividad que deba realizarse de manera que sólo dos polos se vean involucrados. No obstante mi alegría, no puedo evitar una lectura crítica de la postura de James. En lo que sigue trataré de dar cuenta precisamente de esa lectura. En las siguientes líneas trataré de demostrar hasta qué punto la postura de James es insostenible, cuando no ingenua. Mi crítica se centrará, principal aunque no exclusivamente, en analizar tres puntos que han llamado mi atención de lo que James expone. El primer punto sobre el que habré de fijar mi atención lo constituye la concepción —o identificación— de la ciencia como herramienta. El segundo punto que habré de criticar es el relativo a lo que James llama el método general de la ciencia y, finalmente, me ocuparé de criticar la noción de conocimiento empírico sobre la que descansa la postura de James.

La ciencia como herramienta o el conocimiento como instrumento. Para identificar el problema, quizá ayude hacer un poco de historia. En efecto, esta historia —la historia de esta forma de concebir la ciencia o, en general, el conocimiento— se inscribe en la larga tradición epistemológica conocida como representacionismo. En líneas generales, la noción de representacionismo se refiere a las distintas teorías filosóficas cuyas epistemologías se han basado en la idea de que el conocimiento se da cuando se da una correcta representación de una realidad independiente (objeto) en otra realidad igualmente independiente (sujeto). En su forma original, el representacionismo veía el conocimiento como la imagen interna de una realidad externa. Esta es precisamente la idea moderna de conocimiento. En una carta a Gibieuf del 19 de enero de 1642 Descartes expresa esta idea de la siguiente manera: “assuré que je puis avoir aucune connaissance de ce qui est hors de moi, que par l’entremise des idées que j’ai eu en moi”. Por otra parte, Hiedegger se ocupa de indagar la noción de representación en la tradición epistemológica moderna en su famoso ensayo de Caminos de Bosque La época de la imagen del mundo; y Michael Foucault hace una descripción en Las palabras y las cosas de la evolución de la primera perspectiva desde la que se abordó en la modernidad esta noción. Pues bien, según la epistemología moderna existen objetos y existen sujetos. Parece obvio que los objetos y los sujetos son distintos. Parece obvio también que los objetos existirían si no existieran los sujetos. La objetividad misma está caracterizada al margen del sujeto. Decir que algo es objetivo es decir que no depende de mí, no depende de ti, no depende de él.

 Pues bien, es en este marco epistemológico general en el que se inscribe una noción de conocimiento como herramienta, o una noción instrumental de ciencia. Como se ve, he puesto como nociones equivalentes las nociones de ciencia y conocimiento y las nociones de herramienta e instrumento. Esto, desde luego, no es una arbitrariedad. Se justifica si se presta atención a la noción de ciencia en su nucleo. Veamos rápidamente cuál es esta noción. La palabra ciencia tiene origen latino, scientia fue el término que tradujo el conocido vocablo griego cuya transliteración es episteme. Como es sabido, la episteme griega se opuso a doxa, la opinión, pasajera, relativa, no permanente. Lo opuesto, lo que permanece, lo que está al margen de las vicisitudes del capricho y la moda especulativa es precisamente la episteme, la ciencia, el saber. El núcleo de la palabra ciencia, desde entonces hasta ahora ha sido este: conocimiento, o saber. Pero también en la literatura hay saber, hay conocimiento, sólo que este saber no es un saber demostrado, es un saber que apela a otra cosa, a la emoción o a la razón quizá, pero que no está obligado a demostrar sus aseveraciones. A un poema nadie le pide pruebas, tampoco, por cierto a una novela o a un ensayo. Si a un ensayo se le pidieran pruebas o demostraciones dejaría de ser ensayo, su ser literario se diluiría. El ensayo como género literario no depende de la prueba o la demostración sino de la belleza que encierra, por eso es arte. En última instancia un ensayo bien logrado no lo es por lo que ha establecido de manera demostrada, sino porque gusta. Un criterio estético y no un criterio filosófico o científico resuelven la cuestión. Belleza no es verdad, y la ciencia, en su núcleo conceptual, no puede renunciar a la verdad. Digo, si es de ciencia, y no de técnica, que estamos hablando. La ciencia demuestra la literatura simplemente afirma. Si algo está demostrado, todos estamos obligados a aceptarlo. Ya veremos si la llamada ciencia empírica da cumplimiento a esta aspiración legítima de la ciencia o la evade y cómo lo hace. Por el momento volvamos a la crítica. Y quien criticó la noción de ciencia como herramienta de manera magistral fue, qué creen, Hegel. En efecto, en la Introducción a la Fenomenología del espíritu Hegel echa por tierra esta noción basado en una convicción que él expresa de la siguiente manera: “[…] solamente lo absoluto es verdadero o solamente lo verdadero es absoluto.” Donde Hegel dice absoluto debe leerse no relativo. Lo que expresan las palabras en negritas es, entonces, el núcleo de lo propiamente científico, a saber, la verdad no puede ser relativa porque de lo contrario no sería verdad. En la citada introducción a la Fenomenología, Hegel hace dos críticas: al conocimiento como medio y al conocimiento como instrumento. En estas dos concepciones existe una relación de exterioridad entre el sujeto que conoce y el objeto que se encuentra fuera de él y que reviste características que el sujeto puede interpretar, cuantificar, medir, etc., pero que no pertenecen realmente a una interrelación, que es lo que Hegel quiere pensar entre la relación sujeto-objeto. Para entender esto hay que recordar que en la modernidad se pensó al conocimiento como un medio, especialmente en pensadores como Kant para quien el saber es una mediación. Si existe una mediación significa que existen dos extremos y que entre ellos hay una relación que los conecta, el saber sería como la conexión entre esos dos extremos, como si el sujeto pudiese acercarse (metáfora espacial que le da sentido a la noción de método, de la que después hablaré) a un objeto que está fuera o frente a él.

La primera crítica es al conocimiento como medio, como si en la operación de acercamiento pudiésemos realmente conocer qué es lo que es el objeto en sí. En la modernidad, que opera en dicotomías y relaciones de exterioridad, el sujeto podría verse frente al objeto y nada más que apreciarlo en una primera instancia como una simple certeza. En la certeza se sabe que hay un objeto (esto está aquí y ahora, tiempo y espacio). En la conciencia habría un paso más elevado: hay un saber, hay un objeto frente a uno, pero hay una aproximación en el sentido de que ese saber el sujeto sabe que lo tiene, sabe que configura el objeto, y esa es la crítica directa a Kant porque él concibe una subjetividad que produce la forma del objeto, pone la forma. Por. ej.: al concepto de flor le pone el color, las hojas, el tallo, etc.

Frente a ese saber, Hegel se preocupa en la introducción a la Fenomenología de determinar por qué no es un conocimiento. La ciencia moderna, el racionalismo científico, usa este llamado conocimiento.

Al seguir un método estamos poniendo algo entre el sujeto y el objeto que nos llevaría a conocerlo, a apoderarnos de este conocimiento (objetivo) a través de algo o utilizando algo (un médium, como lo llama Hegel), pero eso ya es algo. Entonces el problema para Hegel es que si tratamos de conocer el objeto a través de algo, ¿dónde queda esa información relativa al medio? La crítica a Kant, cuando propone las condiciones para conocer, es cómo podemos conocer esas condiciones. Hegel propone la respuesta que podría dar la ciencia (empírica) frente a esto. La ciencia podría decir que ese filtro se usa para llegar al objeto y obtenido éste se resta el filtro y lo que queda es el conocimiento. Hegel dice que eso no ocurre porque lo que hacemos es la operación simple de sumar información, información que después la descontamos del resultado, quedando exactamente como al principio.

La segunda crítica que hace Hegel es al conocimiento como instrumento. Para ello usa Hegel la metáfora de la vara con pegamento en la punta, a la cual debería adherirse el conocimiento representado como un pajarito. Se supone que acercando la vara al pájaro debería adherirse tal como es, sin modificación alguna.. Entonces, habríamos adquirido el conocimiento como por adhesión, por accesión. Pero eso no puede ser así porque nuevamente estamos utilizando algo para llegar a otra cosa. Nuevamente hay en esta metáfora relaciones de exterioridad, relaciones que Hegel impugna en la Fenomenología con el resultado de que objeto y sujeto no son realidades mutuamente exteriores. Todo el capítulo de la certeza sensible de la fenomenología está consagrado a demoler esta concepción epistemológica y a demostrar por qué es, de hecho, insostenible.

Leamos a Jean Hyppolite, comentando la introducción a la Fenomenología: “Uno se imagina equivocadamente que antes de saber de verdad resulta necesario examinar ese instrumento o ese ‘médium’ que constituye el saber. En efecto, algo así como una ilusión natural tiene lugar, cuando se empieza a reflexionar, al comparar el saber con un instrumento o con un medio a través del cual nos llegaría la verdad. Pero tales representaciones conducen en línea recta a un relativismo. Si el saber es un instrumento, modifica al objeto a conocer y no nos lo presenta en su pureza; si es un medio, tampoco nos transmite la verdad sin alterarla de acuerdo con la propia naturaleza del medio interpuesto. […] Si el saber es un instrumento, ello supone que el sujeto del saber y su objeto se hallan separados; por consiguiente, lo Absoluto sería distinto del conocimiento: ni lo absoluto podría ser saber de sí, ni el saber podría ser saber de lo Absoluto.”

Las analogías son quizá inevitables en toda argumentación, pero a veces confunden más que ayudan. Si un martillo sirve para clavar y unas tijeras sirven para cortar, esa herramienta que James dice que es la ciencia ¿para qué sirve? La respuesta no puede ser para dominar el mundo o para estar mejor en él o una cosa parecida porque esa tarea no le corresponde a la ciencia sino a la técnica, y la técnica siempre fue previa a la ciencia. Por ejemplo, la ganadería comenzó como una necesidad de ablandar el ánimo de los dioses, y la agricultura se inventó creyendo que los ritos de esparcir semillas ayudaban al cosmos a seguir girando en ritmo anual de cuatro estaciones, etc.

Hasta aquí lo relativo al primer punto de mi crítica. La bibliografía consultada vendrá al final de la misma, cuando haya hecho la crítica de los otros dos puntos. Ruego a James tener paciencia y no responder todavía sino hasta que haya terminado mi crítica. Un abrazo.

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